Somos mujeres consagradas a Dios que queremos vivir en obsequio de Jesucristo, a imitación de la Virgen María, ofreciendo nuestras vidas para que todos los hombres y mujeres de este mundo encuentren la paz, el amor y la fe.

Cada uno de nuestros monasterios, es un pequeño oasis donde se cultiva constantemente la oración litúrgica y personal, donde la vida fraterna,  con la soledad y el silencio, sostienen nuestra vida de oración constante, por las necesidades de la Iglesia y de la humanidad en general, felicidad que solo Dios puede dar.