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23 10 16 PUZOL, Paqui, En el camino del amor

Con estas breves letras quiero compartir con vosotras algo de lo vivido en la convivencia de la Federación que, como sabéis, se ha centrado en nuestra hermana Teresita, esa “pequeña gran” maestra de la escuela del amor, de la que tanto estoy aprendiendo.

No tengo palabras para expresar mi gratitud a ella, a las hermanas que han organizado este encuentro, a las que han quedado en casa, supliendo la ausencia de las que hemos participado, a nuestros hermanos del Desierto y a Amando que nos ha acompañado durante estos días, como un hermano más de nuestra familia.

La convivencia ha sido para mí una auténtica escuela donde me he ido aproximando con mayor profundidad a Teresita, a la que conocía “de lejos”, había leído poco de ella, y de la mano de nuestro hermano Amando, he ido ahondando en esa inmensa riqueza interior que posee Teresita.

Las dinámicas propuestas cada día me resultaron muy interesantes por lo que suponían de interpelación personal y de diálogo entre nosotras. Escuchar a las hermanas siempre es una fuente de riqueza y estos días lo he podido experimentar de una manera más palpable.

Una de las cosas que más me llegó fue la capacidad de Teresita para dejarse tocar y transformar por la gracia, por el Espíritu Santo, al que le abrió la puerta de par en par. Precisamente uno de los días, dedicado a la oración del Espíritu, me quedó “imprimido” como diría la Santa, el momento de la imposición de manos. Me impresionó la fuerza que tiene la invocación al Espíritu, del que dijo Jesús: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos” (Hch 1, 8). Y Teresita ha sido para mí una testigo del amor de Jesús, manifestado en la sencillez de una vida “normal y corriente”, que se plasma en los pequeños detalles del día a día.

Teresita me ha enseñado que la debilidad es el camino de encuentro con Jesús porque la fuerza viene de Él, y solo en la medida en que me abra con plena disponibilidad a su amor, recibido gratuitamente, seré capaz de ser cauce del mismo. La clave está en creer de verdad que soy amada por Jesús y abandonarme en sus manos misericordiosas. Asimismo, me ha enseñado a confiar sin miedos, o incluso a veces con ellos, pero con la certeza de saberme sostenida por Él. Es un reto y una tarea que se ha renovado en mi vida.

Finalmente, quiero dar gracias por la celebración de mi santo y cumpleaños en estos días de convivencia en los que he podido experimentar la fraternidad de nuestra familia del Carmelo.       

  Paqui (Puzol)

23 10 14 PUZOL, Anna, Sentires del alma, 43

  • Que pensar sea también amar. Y vivir en libertad.
  • Dios realiza una bella historia de sanación en mí. Y le agrada mi preciosa colaboración. Nada hace sin que yo quiera. Me deja ser dueña y señora de mí misma. Que Dios ya me enseñorea.
  • Cuando te pienso, me arrancas una ternura del corazón que siempre quiero hacerte llegar. Todo depende de accionar el verbo amar.
  • ¿De qué está llena mi vida? ¿En qué pienso? Si realmente Dios es el centro, entonces sé que mi corazón lo ocupa toda la humanidad. Hechos para la relación, comunicación y comunión, celebremos nuestra identidad: ser Eucaristía. La mesa siempre está servida. Ser celebradoras y ofrecernos unos a otros como comida y bebida. Que somos pan de Dios, esta es nuestra verdad.
  • Nadie quede sin cobijo en el hogar del corazón. El cielo lo llevamos dentro. Lo que fue, y quienes existieron, siguen viviendo en el Si de Dios. Que no somos una soledad, ni andamos en perdición. Nada existe fuera de Dios. Y en Él estamos amparados.
  • Cuando me hallo ante una prueba que, por dura, enerva todo mi ser y lo pone en pie de guerra, recordar el amor. Este ha sido el detonante que me ha pacificado por dentro. He traído memoria de que, yo, ante los demás, solo les debo amor. Que este sea el camino a seguir y la actitud a vivir. Como Jesús, pasar haciendo el bien.
  • Vivir mirándonos solo a nosotros mismos, es romper la comunión con Dios y la humanidad. Es deshumanizarnos. Si no amamos nos secamos, como hojas en otoño.
  • Vivir sin miedos, dice nuestra esperanza y segura confianza. La luz es nuestra fe oscura por donde el alma camina segura.
  • Los humanos somos prontos para condenar. Dios siempre es pronto para amar y salvar, en Dios vivimos perdonados, porque ya nos redimió.
  • Invitados estamos a ser amantes. Dios es el enamorado que busca ser correspondido.
  • Necesariamente Dios tiene que abrir brechas para derribar lo imposible. Y entrar. El centro siempre está más adentro.
  • Cuando se me apodera el desaliento y el agotamiento me aplasta, hasta pensar en Dios me cansa. Ser humano es tocar límite, sufrir la fragilidad. Solo Dios nos puede arrancar de esta calamidad. Y nos ha arrancado ya. Podemos gustar vida de cielo, “Aunque es de noche”.
  • Mi mirada se cruza con otros ojos y rostros que me adentran en las tormentas que la humanidad lleva en su interior. Soñamos la paz, la calma, la salud. “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad”. Es otoño y veo nacer una flor en el terreno de la desolación. Orar acrecienta la esperanza.

23 10 13 VILLAR , Hna Mª Dolores, Un corazón agradecido

Muy queridas hermanas. Me acerco a vosotras para compartir un poco lo que ha supuesto para mí la convivencia en el Desierto.

   Han sido unos días muy agradables, con un verdadero ambiente fraterno, en los que hemos podido compartir experiencias, animarnos y también reírnos y pasarlo bien juntas, acercándonos a la figura de Teresita.

   Una de las cosas que me llevo de ella es que me ha enseñado a reciclar. Sí, de un hecho que se le presenta como de muerte, ella lo vuelve a hacer nuevo. Ve en todo la parte positiva. El martirio de su padre lo llama tesoro, allí ha reconocido la faz de Jesús y pasa a ser la gracia más grande. Esto a mí me llega mucho, yo que tiendo a enfrascarme en las pequeñas contrariedades que me pasan, y a menudo sentirme víctima, es una invitación a relativizar, pensar siempre bien y ver en todo la mano de Dios. Dar la vuelta a la realidad y reutilizar como algo bueno donde Dios está ahí acompañando y sosteniendo.

   En una ocasión, el P. Amando, nos invitó a cerrar los ojos y volver a la niñez, nuestros juegos, amigos… momentos difíciles, de dolor… y sentir el abrazo de Jesús que estaba allí cuidándome, queriendo sanar. Después con otra hermana compartimos nuestra experiencia. Para mí fue un momento muy bonito, entrañable, en que me sentí comprendida, acompañada, donde pude abrir el corazón y descansar. Me doy cuenta que estas heridas, carencias que vengo arrastrando de mi niñez y que a veces me condicionan tanto, me hace bien presentarlas allí en la oración a Jesús, y Él con su amor irá sanando; dejarme empapar de su mirada, saber que Él estaba allí aunque yo no podía verle, sosteniéndome y librándome de caer.

   Recuerdo un canto que hicimos que decía así: “Se siente una paz tan grande al saberse absolutamente pobre y al no contar más que con Dios”. Pero qué difícil me resulta amar mi pobreza, cuando en realidad lo que intento es aparecer capaz ante los demás para ser estimada. ¡Qué error tan grande hacer este esfuerzo constante! Para mí es una invitación a cambiar de mentalidad, pues en Teresita como en S. Pablo, la fuerza se realiza en la debilidad. Son momentos en que se produce el encuentro con Dios que va liberando el corazón, haciéndolo capaz de recibir. Quiero pasar todo esto por el corazón y creer que de verdad Jesús nos sigue sanando en los encuentros que tenemos con Él

   Y ya el broche de oro, para terminar la jornada, las vísperas, seguido de un momento de oración con exposición del Santísimo; momento para darle gracias por tanto recibido durante el día y descansar allí en su compañía.

Me brota del corazón las palabras del salmo: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” Doy muchas gracias al P. Amando y a cada una de las hermanas por lo que han aportado para crear ese clima de sentirte en familia, como en casa.

                                 Con afecto fraterno     hna. M.ª Dolores (Villar)

23 09 30, PUZOL, Anna, La reinecita de Los Buissonets

LA REINECITA DE LOS BUISSONNETS
(por Anna Seguí Martí ocd)

Teresita de Lisieux.
La pequeña de la familia Martin.
Prematura huérfana de madre,
te refugiaste al amoroso amparo de tu padre.
Lo adorabas,
le llamabas tu rey.
El más gentil de los hombres,
te compró un palacio
y te nombró “reinecita” de los Buissonnets.

Sensible como la primavera
y llorona cual lluvia torrencial.
Clara como el agua
y transparente como el aire.
Débil y enfermiza,
rozabas la melancolía.
La gracia de Navidad
te curaba y fortalecía.
Amabas a tus hermanas,
ellas te mimaban y cuidaban.

Familia cristiana y devota,
cultivaba los rezos, devociones y misas.
Pronto miraste al cielo,
jugabas y soñabas ser santa.
Te repugnaba el pecado, lo aborrecías,
Pero amabas a los pecadores,
tu sacrificio y oraciones les ofrecías.

Ibas de pesca con tu padre,
con los peces y la caña lo dejabas.
Preferías pasear por el campo,
embriagarte de sol y aire.
Tu alma tierna y delicada
se recreaba contemplando el prado.
Admirabas la belleza de las flores,
oler sus perfumes y gozar los colores.
Te deleitabas escuchando el canto de los pájaros,
observar la ligereza de sus vuelos.
Sin casi percibirlo, abrías en tu corazón
una serena y profunda contemplación.

Imaginabas el cielo
jugando con tus hermanitos.
Y cielo ibas forjando en este suelo.
Como un pequeño gorrión,
las alas te iban creciendo.
Pero Dios no quería que subieras al cielo
con simples alas de gorrión.
Él te dio alas de águila,
te llevó sobre sus plumas
y te lanzó a vuelos de eternidad.

A Dios abrías tus manos, las elevabas
y se las presentabas vacías;
confiabas que su misericordia las llenaría.
A nosotros nos regalabas las rosas,
Aayy, en tus manos, clavadas las espinas.
Aquel dolor del alma que a Dios ofrecías.

¿Crees que no lo adivinamos?
Nunca tus manos fueron ofrenda vacía.
Con una lluvia de rosas nos bendecías.
En tus manos, clavadas las espinas.

No pudiste ver cumplido
tu deseo de ser sacerdote.
Tu vocación fue el amor,
tu opción amar y servir
en la Iglesia y el Carmelo.

Como Juan de la Cruz,
hiciste de la fe oscura una dichosa ventura.
Penosa y dolorosa fue tu larga noche.
Amargo el cáliz de la duda,
por la lejanía y silencio de Dios.
Querías estar segura que la Virgen te amaba.
Y la sombra de la duda se prolongaba.

Enferma de cuerpo y alma,
la tristeza te invadía,
el sufrimiento y la paz se mezclaban,
mientras la paciencia ejercías.
Recia y magnánima,
no querías sufrir menos.

Tus últimas palabras fueron lo que en el corazón ardía.
¡Oh, le amo!
¡Dios mío… os amo!”
En los labios dibujada una sonrisa.
Y te dormías…
En Dios para siempre despertabas.
Aquí la lluvia de rosas nos dejabas.
En tus manos, clavadas las espinas.

23 09 22 PUZOL, Anna, Nos cansamos de todo

Los seres humanos nos cansamos de todo y masticamos insatisfacción. El que está solo, quiere compañía; el que tiene compañía, quiere estar solo. A veces incluso, nos cansamos de Dios-Jesús y lo dejamos en la cuneta o lo sacamos de nuestro pensamiento. Jugamos con Dios, en ocasiones lo hacemos nuestro centro, otras veces lo ignoramos por completo. Menos mal que Dios, por tener buen humor, se deja manipular y manosear a nuestro antojo, y no se inmuta. Dios se queda donde le colocamos y no se inquieta. Sonríe ante nuestra mezquindad e ignorancia. Dios permanece siempre como Dios. La inquietud es nuestra, la llevamos y sufrimos nosotros, no Dios. Sufrimos más de lo que Dios quiere, tal vez por ignorarle a Él, que es el dador de la paz y el gozo y nos quiere felices con Él y todos juntos.

Sucede que, un día, sin saber cómo ni por qué, algo nos despierta y nos levanta, más que de nuestro sueño, de nuestras muertes. Y volvemos a caer en la cuenta de que nos habíamos alejado de Dios, y queremos volver a encontrarnos con Él. Y Dios no se había ido, lo hallamos donde lo habíamos dejado, porque Dios siempre se hace encontradizo con su criatura amada. Y Dios, tan feliz y de buen humor, nos vuelve a tomar en sus brazos y abrazos y nos sigue amando, que Dios solo sabe de amor y andar en amores.

Dios no es un invento de nuestra mente. Ninguna inteligencia humana sabría inventar al Dios Uno y Único. Todo lo más que sabemos hacer los humanos es crear ídolos y endiosarlos. Pero Dios es el in-creable. Él es el que Es. La felicidad la da Él, no nuestros pensamientos y razonamientos. La felicidad y la plenitud es cuestión de enamoramiento del corazón, no del pensar y razonar de la mente. Siempre será una disposición interior amorosa.

Tener necesidad de Dios no es una necedad, es una gracia, y una gracia que nos humaniza a gusto de Dios. Y me quedo con Dios, con el único deseo de decir otra vez: Sí, creo y te amo, quiero seguir caminando a tu lado. Y Dios sigue sonriendo y dice que me ama. Y ahora me lo creo un poco más que cuando empecé mi andadura con Él. Y sé que puedo cometer la estupidez de volverlo a dejar. Que no soy mejor que Pedro, ni mejor o peor que todos sus discípulos que le abandonaron.

Como ellos y ellas, necesito que Jesús se me muestre resucitado para ser testigo de su presencia en medio de nosotros y dentro de nosotros. Así, pequeña, menesterosa, alocada, apasionada, auténtica también, necesito que Dios-Jesús permanezca, aunque yo me vaya, huidiza como una cabra. Él siempre volverá a hacerse encontradizo, esta es mi esperanza y absoluta confianza. No cansarnos de Dios-Jesús. Alejarnos de Él es perder la posibilidad de encontrar el tesoro escondido. Que Dios-Jesús es regalador de todo lo que necesitamos. Sigamos sus pasos.

23 09 05 Zaragoza, Crónica del aniversario de la fusión

Queridas hermanas de la Federación:

Con alegría nos ponemos en contacto con vosotras para enviaros una pequeña crónica con ocasión del primer aniversario de nuestra fusión: San José-Santa Teresa.

Fue el pasado 24 de agosto y hemos querido celebrarlo por todo lo alto y en la intimidad que es como más se disfruta.

Para el primer acto de la jornada (canto de Laudes) nos reunimos toda la comunidad en el coro alto pues allí hemos colocado la preciosísima imagen de Santa Teresa obra de Gregorio Hernández que trajeron nuestras hermanas.

Damos gracias a Dios por poder estar todas juntas “en pie y en activo” para esta importante celebración que es el Oficio Litúrgico.

Invitamos a celebrar la Eucaristía al recién estrenado prior de la comunidad de Zaragoza (San Juan de la Cruz), padre Antonio Leal. La tuvimos a la hora de siempre (8:30 de la mañana) acompañadas de nuestros habituales feligreses que ya son de casa para que resultara más hogareño. En la homilía nos dirigió unas sencillas palabras de enhorabuena por el don de la fusión y de la unidad…

Después de la celebración, compartió con nosotras un delicioso y abundante desayuno. El refectorio estaba adornado de forma muy simpática, no faltaba la campanita colgada en la pared, ni la Santa Madre con su hábito de sayal, ni los letreros haciendo alusión al momento.

En la sobremesa se comentaron todos los temas de actualidad: la impresión de los carmelitas jóvenes en la JMJ, los posteriores encuentros que tuvieron y como es natural -ya que el anterior destino del padre Antonio fue Canarias-, los grandes problemas y sufrimientos que la región está pasando: como si no bastara con el desastre del volcán, ahora el incendio.

Fue hermoso oírle hablar con tanto cariño y conocimiento; y como de todo se aprende, nos hemos enterado que los pinos de canarias son distintos a los demás, pues aunque se quemen no se mueren porque el fuego no les penetra, solo arden exteriormente.

Esto, gracias a Dios contribuye a que las riquezas provenientes del turismo no se pierdan.

A la hora de la comida, ya solas se leyó una crónica o mejor dicho, una evaluación humorística de los sucesos de este año y de los preparativos de los días anteriores a la fusión.

En recreo las aspirantes a artistas nos ofrecieron un hermoso canto de no sabemos dónde deleitándonos con su interpretación.

Las artesanas del gremio de manualidades habían confeccionado unas encantadoras cajitas dignas de exposición que nos regalaron a cada una, rellenas de confites. Las cajitas llevaban la siguiente inscripción que vale la pena reproducir: “Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!” Nos parece una preciosa alegoría de lo que es una fusión.

Entre unas cosas y otras pasamos un día muy feliz y constatamos que somos ya una sola comunidad y por cierto muy hermosa. Y ahora comenzamos un nuevo año “de bien en mejor”.

Muchas gracias por vuestra atención.

Vuestras hermanas de Zaragoza.

23 08 28 Daimiel, Entrevista a Hna Farah.

Ricardo Franco El Debate, Madrid 28/08/2023

Farah es carmelita descalza en el convento de Daimiel. Nació en un pueblo de Madagascar; una zona cristiana protestante y católica. La primera proclamación del Evangelio se hizo en tiempos de San Vicente de Paúl en el sur de la Isla por los Padres Lazaristas, pero fue alrededor del 1850 con los Jesuitas cuando el catolicismo arraigó fuertemente, centrándose en la educación. Desde ahí y tras «vagabundear» en busca de sí misma, santa Teresa de Lisieux la atrajo al amor infinito de Dios que es, sin duda, un gran imán y un gran pozo de agua fresca para los corazones más sedientos.

Farah, ¿es usted cristiana «de cuna» o conversa?

–Mi familia, desde temprana edad, me educó en la fe. Estudié en una escuela católica de los padres Carmelitas, entré en asociaciones católicas, donde llegué a ser animadora. La oración, la atención a los demás, la visita a los pueblecitos, la liturgia, la acogida de los pobres, la vida sencilla sin móviles en medio de la naturaleza: ríos, montañas, animales, campos de flores, mil juegos de niños, lluvia abundante, el perdernos en los bosques, los amigos, el calor del hogar, la ternura exquisita de mis padres, el amor de mis hermanos (siendo yo la más pequeña de la casa de mi padre)… han hecho mi vida cotidiana alegre e interesante, con tareas escolares, hasta la universidad adonde fui yo la única que comenzó porque, después del bachillerato, la mayoría de mis amigas entraron al Carmelo.

Solía visitarlas porque el Carmelo está justo a 10 minutos de la universidad. Un día, vi una frase de santa Teresa de Lisieux, una de esas frases que te penetra el alma. Dijeron que vendría su reliquia. Quería conocerla. A su llegada, lloraba, sin saber por qué, sin conocerla. De verdad el camino del Señor no es nuestro camino. Aquellas lágrimas despertaron mi deseo de entregarme al Señor según la espiritualidad de la pequeña Teresa. Empecé a leer sus obras y a profundizar muy concretamente mi fe.

¿Qué ha encontrado en el cristianismo?

–Primeramente, he encontrado a Jesucristo que me ama. Entonces soy cristiana de christianós que, según los Hechos de los Apóstoles, se designa tres veces a los seguidores de Jesús, quien dio su Vida por mí y por cada persona humana. En Él, los cristianos saborean los prodigios del mundo futuro y su vida es arrastrada por Cristo al seno de la vida divina para que ya no vivan para sí los que viven, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. Dios Amigo que vale la pena. Amor que tiene propiedad de igualar al que ama con la cosa amada; y san Pablo lo une más profundamente: «sois cuerpo de Cristo», «sois Templo de Dios», «sois de Cristo».

En definitiva, siento que pertenezco a Él. Como entre personas enamoradas, soy de Alguien, amada por Alguien que da sentido a mi vida hasta en los actos mínimos. Y saber para Quién vivo y me hace vivir de Él y unida a Él más en la Eucaristía, todo tiene sentido y sabor: las aflicciones, la alegría. Jesús vive en mi corazón, llena mis pasos de su amor y realiza en mí y conmigo su Unidad absoluta de Amor recreando y enamorando en cada instante con su atención amorosa. En el cristianismo pues no estoy sola sino siempre en su Presencia, Amor eterno e infinito. Vive Él: Vida, Verdad y Camino en mí y mi vida se centra en Él para orarle, adorarle, acoger las Bienaventuranzas y aprender así a amar, a amar hasta el fin en el día a día. En una palabra: soy de Jesús, yo soy para Él y Él es para mí. Vivo en Él como cristiano que vive solo por Cristo, que vive de Cristo, es decir, el que vive de su vida, y en quien Cristo vive y actúa en el mundo. Él es el único que nos puede salvar.

¿Por qué acaba una mujer en el Carmelo? ¿Qué buscaba en él?

–El Carmelo de santa Teresa, con sus numerosos santos y con su profunda y vasta espiritualidad, atrae a muchos y no solo en el ámbito del cristianismo, sino también de otras religiones. Hay muchas familias religiosas que se basan y se nutren de la espiritualidad carmelitana. La pequeña Teresa, de quien celebramos los 150 años de su nacimiento, con su Caminito y su conocida vida lleva a muchos a seguirla.

Así, atraída por el Carmelo hasta física y misteriosamente. Costó mucho trabajo salir de mi país porque era menor de edad. Después de pasar por la burocracia cambiando billete de avión una y otra vez, providencialmente dejé todo el día de la fiesta de santa Teresa de Jesús, sin conocerla. Luego, vagabundeaba en muchos lugares del mundo: desde Roma, la ciudad eterna hasta el rinconcito de Belén o la escondida capilla de Nazaret del hermanito Charles de Foucauld… Y al final: estoy en el Carmelo. Una de mis hermanas hizo la misma pregunta: ¿después de ver el mundo, por qué aquí?.

Es historia de Dios conmigo. No como Israel que caminó por el desierto hasta la tierra prometida, sino junto al Maestro, pasé por los jardines, por montes perfumados y riberas hasta este lugar de la Mancha…, para caer en la cuenta de que lo que importa es a Quién busco, con Quién quiero estar y, no los lugares hermosos o una vida perfecta.

Así, no cogí las flores, ni temí las fieras, y pasé los fuertes y fronteras buscando al Amado, aprendiendo a ser hija de santa Teresa según su formidable experiencia y sus enseñanzas llenas de divina sabiduría y espléndida pedagogía. Claro, viviendo en una parroquia carmelitana desde niña, naturalmente respiraba ya teresianamente, porque santa Teresa entró espontáneamente en mi vida, mostrándome el camino de perfección a través del diálogo de amor con Jesús y la caridad fraterna. Me dejé fluir.

¿Por qué este camino tan radical dentro de la Iglesia?

–Ante todo es obra de Dios. Me «primerea» simultáneamente, me hace desear: mi deseo de Dios, la sed de plenitud. A lo largo de estos años de peregrinar y «perderme», Él me busca a mí más que yo a Él, su Mano me cuida de una manera tan intensa, fuerte, profunda, continua, que hiere y misericordia… y crea en mí el darme a Él. Tal ósmosis la afirma san Agustín: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en Ti» . Si conociésemos pues éste amor divino por mí también por ti y para este fin de Amor fuimos creados, entonces se vuelve natural consagrarnos a Él con inmensa generosidad, como Él lo ha hecho por nosotros a pesar de nuestras infidelidades y torpeza. Así lo explica san Juan de la Cruz: «Cayendo el alma en la cuenta de lo que está obligada a hacer; conociendo la gran deuda que debe a Dios en haberla criado solamente para Sí…».

La vida cristiana, pues, es en sí misma una vida sobrenatural, que va y vive de una manera más allá de lo habitual y aparente vida terrenal, porque es la vida de Jesús, el Maestro. Vida que se eleva más allá del sentido común, de la superficialidad, como expresa: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». O sea, exige y aspira siempre a lo inmenso, a lo más, a lo divino que me engolosina a vivir con Jesús haciendo lo poquito que es en mí. Su Amor mejor y mayor se convirtió en mi Fortaleza y Alegría para solo contentar al Señor. Él regala las gracias necesarias, se hace a mi medida según mi capacidad y naturaleza. Por eso mi ser miserable, transfigurada y elevada por el Amor, se ha dejado atraer e invitar a darse entero y radicalmente a Él en la forma tan exigente, que es el Carmelo Teresiano.

¿Qué ha encontrado en el Carmelo? ¿Qué tiene de especial?

–«No somos islas sino archipiélagos. Todas las cosas son así, no es una aquí y otra allá, están conectadas por hilos invisibles: detrás de cada reacción siempre hay una relación», escribe Alessandro d’Avenia. Estamos en la era digital donde tal relación se reduce en conceptos, en masa de seguidores sin llegar a tocar el corazón, conectados sin con-tacto y emoción fugaz. En el Carmelo, pequeño colegio de Cristo, procuramos con verdad esta relación que va más allá. Desde el trato con Jesús como Amigo, «aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de ayudar». Puesto que somos distintas, cada una con algo único que puede ofrecer a los demás. Relacionarse es un arte.

Vengo de una familia numerosa donde la amistad es imprescindible. Así en el Carmelo, descubrí una vez más la adaptabilidad del Señor al «tal como soy». Creo pues que cada hijo/hija de santa Teresa se identifica con ser especialista en Amistad. Tal continuo ejercicio de amor no es posible sin ser orante con la fidelidad a lo que el Señor nos confía: en las pequeñas y grandes cosas, en la cotidianidad, en la enfermedad y tribulación, como en la alegría y sequedad.

En un mundo donde vivimos la cultura de contenedor que desprecia el contenido, lo especial en el Carmelo es justo lo interior, llamada a ser auténtica y verdadera hasta parecer que no hacemos nada. No hay productividad y nuestra oración es una espera, no resultado inmediato. Pues es vida sencilla puesta continuamente a prueba en busca del Amado y contentarle desde nuestra pobreza. En definitiva, una vida hecha para ser totalmente del Otro, con gratuidad a Aquel que pronunció: «Tú eres mía». Un sí para siempre, que se abre para acoger una Presencia: Señor, aquí la palma de mis manos, las vidas, los rostros, las historias, los dejo fluir entre mis dedos para que los mires.

A su juicio, ¿cree que se conoce realmente qué es la fe cristiana?

–Hay personas que conocen a Jesús, en cambio, otros lo ignoran por completo. Desafortunadamente, hace mucho que el Occidente se alejó de Dios y vive como si Dios no existiera, a muchas personas no les interesa la fe o la religión, viven sin hacerse las preguntas fundamentales de la vida: de dónde y de Quién venimos, adónde vamos, por qué vivimos… día tras día sin referirse a Dios, a verdaderas virtudes y profundas responsabilidades personales y sociales. Un desorden de la jerarquía de valores perdiendo la mejor parte, lo más importante, lo único necesario.

Sin embargo, creo también que muchos de nosotros cristianos, no conocemos qué es la fe cristiana. Primero porque la fe es un Don, hay que desearla, acogerla y guardarla. Dice el Papa: «La fe no es una etiqueta religiosa, sino una relación personal con el Señor. Hagan creíble la fe a través de las decisiones. Porque si la fe no genera estilos de vida convincentes, no hace fermentar la masa del mundo. No basta que un cristiano esté convencido, debe ser convincente». En definitiva, es exigente, es seguir a Jesús Crucificado, desfigurado, en una sociedad donde se evita el mínimo sufrimiento, con comodidades, cultura del descarte, mundanidad y pocos quieren conocerlo. Bernanos escribe: «Nuestro Señor no escribió que fuéramos la miel de la tierra, muchacho, sino la sal…. La sal quema al contacto con la piel. Pero también evita que se pudra»; pues la fe escuece, resume Luigi Epicoco. La fe verdadera es atrevida, busca, lucha con discernimiento continuo, camina con corazón inquieto como los israelitas que se ponen en marcha porque «el amor de Dios es sorpresa, siempre sorprende, siempre nos mantiene alerta y nos sorprende». Como el relato de la mujer cananea, a veces la vida espiritual falla, no nos consuela, nuestra oración no obtiene respuesta y nos sentimos insultados, solos, incomprendidos, rechazados. La fe es permanecer.

El Espíritu Santo tiene su momento, pero necesitamos orarlo para que actúe en todos los lugares del mundo y todas las personas. Oro para que todas ellas tengan la verdadera fe y conozcan cada día y cada vez más a Jesús, y lo amen y lo hagan amar inmensamente, como Él lo merece.

Para usted, Farah, ¿quién es Jesús? ¿Qué es el cristianismo? ¿Qué es la Iglesia?

–«La Iglesia es el lugar para todos… ¡Todos, todos, todos!» afirmó el Papa Francisco a los jóvenes. «Hay espacio para todos, ninguno sobra, ninguno está de más» así como somos, porque Dios nos ama como somos, con los defectos, limitaciones y con las ganas que tenemos de seguir adelante en la vida, no como quisiéramos ser o la sociedad quisiera que seamos. La Iglesia es Madre de todos, que quiere que estemos con el Señor, con la misión de ir a los confines y traer a todos: sanos, enfermos, chicos y grandes, buenos y pecadores. Porque desde el comienzo de nuestra vida, Jesús llamó a cada uno de nosotros por nuestro nombre, porque ninguno de nosotros es un número, sino un rostro, un corazón.

El cristianismo es el encuentro con el Amor de Dios nuestro Salvador que nos ha creado como hijos suyos, nos ha redimido por su gracia y por el gran amor con que nos amó entregando a su Hijo único, «para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna». Después de experimentar ser amados y poder amar de Amor con la fuerza de este Don suyo, el cristianismo es un modo de vivir en la escucha constante a Jesús e ir apresurada a llevarle a nuestro prójimo, como María, para que muchos contemplen el Rostro del Amado.

Jesús es «El que está». Alguien que me habita susurrando: ¡qué hermosa eres, amada mía!, ¡qué hermosa eres! Eres precioso para mis ojos, y yo te amo. Me dibuja en forma de caricia mientras seco las manos con toalla, de perfume de té de manzanilla que tomas en el invierno mientras vives el calor agosteño. Es Alegría que me mira hermoseando mi fealdad por puro Amor… La Verdad inmutable que me invita vivir su Alianza: «Estoy aquí para ti, tú eres amada por mi Amor eterno».