25 07 04 Puzol, Anna, CAMINO DE PERFECCIÓN: EL ARTE DE VIVIR ORANDO

Queridísima Mara. Me preguntas qué libro te recomiendo para leer este verano, durante las vacaciones. Me comentas que te gustaría conocer un poco más a fondo el carmelo de Teresa de Jesús. Decididamente, el libro que te aconsejo es Camino de perfección. Este libro está específicamente dedicado a las primeras monjas, cuando todavía llevan pocos años en el nuevo convento de San José de Ávila. Aquel pequeño grupo de mujeres jóvenes que, en torno a Teresa, han tenido el coraje de enrolarse en una aventura y en una nueva forma de ser monjas, centradas en la pura realidad contemplativa: ser orantes. Mujeres decididas a ser y hacer Iglesia desde su puesto de orantes en el nuevo carmelo.

Camino expresa la entraña de una realidad clara: vida contemplativa. Y Teresa quiere “decir algo de lo que al modo y manera de vivir que se lleva en esta casa conviene”. Ella ha cedido a la petición que, insistentemente, le han venido haciendo sus hijas. Dice Teresa: “me han tanto importunado /querrá el Señor acierte algo a decir que les aproveche, y me lo dará para que se lo dé”.

Nada hace Teresa que no tenga la seguridad que se lo inspira Dios, y todo lo espera de Él. Y de esta seguridad le viene el atrevimiento y la fuerza -que ambas cosas serán necesarias-, para llevar adelante la fundación y los escritos de toda la obra teresiana. Ella sabe que, si no se lo inspira Dios, no es capaz de nada, y lo dice convencida: “Verán lo que tengo de mí cuando su Majestad no me ayuda”. Su deseo fundante es que, todo lo que emprenda: “El Señor ponga en todo lo que hiciere sus manos para que vaya conforme a su santa voluntad, pues son estos mis deseos siempre, aunque las obras tan faltas como yo soy”.

Teresa ya ha hablado de oración en el libro de la Vida, y se servirá de lo que allí va dicho, además de lo que le vaya siendo inspirado en la aventura que emprende con este nuevo libro. Escribe: “No diré cosa que en mí, o por verla en otras, no la tenga por experiencia”. Teresa es una mujer de profunda experiencia orante, no va a ciegas y sabe bien lo que quiere decir. Con valentía, toma coraje y se pone manos a la obra. Fue algo inaudito en su tiempo, pues las mujeres estaban relegadas a las tareas domésticas y a poco más, sometidas tanto a una sociedad patriarcal como a una religiosidad dominante que limitaba su protagonismo.

A medida que lo vayas leyendo, podrás observa que es un libro con cierto tono coloquial. De alguna manera, puede decirse que está elaborado a tres manos: Dios, como inspirador; sus monjas, como destinatarias -ellas mismas le han pedido que lo escriba-; y Teresa, como autora del texto. Al fin, para las monjas escribe, y para las que vendrán después. Con el tiempo, sus escritos pasarán a la posteridad, hasta convertirse en patrimonio de la humanidad en nuestros días. Un verdadero tesoro, amorosamente custodiado, como una joya espiritual.

Desde el inicio, en los escritos de Teresa, Cristo y la Iglesia ocupan el centro. A ellos se orientan la oración y los rezos, la vida y la entrega de sus monjas. En su conjunto, Camino de perfección llegará a ser la gran Constitución del Carmelo descalzo: el modo y la manera de ser y de vivir de las monjas. Camino, como todos los escritos de Teresa, es un faro luminoso que señala el puerto de la salvación: Cristo Jesús. “Los ojos en vuestro Esposo”; “aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar”; “todas ocupadas en oración por los que son defendedores de la Iglesia”.

Teresa y sus monjas han comenzado una historia de amistad con Jesús, y entre ellas, y la llevarán adelante, dispuestas “a ser tales que valgan nuestras oraciones para ayudar”. Hacer “crecer el amor y el deseo de Dios”; fraternas y humanas, al estilo de la humildad Jesús. Todo va de puro Evangelio. Jesús es el “Maestro de Sabiduría”, y la compañía del grupo. En esta casa-monasterio, ha comenzado una realidad de diálogo comunitario, a modo de “colegio de Cristo”, donde se habla, se confronta, se propone y se crea consenso. Mujeres que funcionan por ellas mismas, que saben lo que quieren vivir, y crean un carisma al que van a dedicar la vida entera con “determinada determinación de no parar” hasta el fin de sus días. Así comenzó la gran andadura espiritual de aquellas monjas, como peregrinaje de la fe.

Teresa no sabe por dónde empezar, pero sí sabe lo que quiere vivir; por eso, también desea saber expresarlo y dejarlo plasmado como herencia espiritual. Sus libros son alimento, camino y vida. Puesta en oración, todo irá fluyendo desde su pluma, movida por el Espíritu Santo, hasta que logra dar forma a una obra magistral, de coherencia perfecta, que será reconocida como una joya de la literatura española, capaz de traspasar las fronteras del país.

En el primer capítulo de Camino, Teresa escribe: “Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios que nunca falta de ayudar a quien por él se determina a dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas, y podría yo contentar en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defendedores de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío, que tan apretado le traen a los que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tornar ahora a la cruz estos traidores y que no tuviese adonde reclinar la cabeza” (C 1,2).

Camino de perfección no habla solo de oración, ni dice solo cómo ha de ser o hacerse. El libro abarca otra realidad, que va unida a este intento orante: la vida entera del grupo. Cómo han de ser y vivir el día a día. Son monjas, y han profesado pobreza. Así, todo el segundo capítulo del libro, trata de esta opción esencial de la pobreza, para que la vida vaya serena, y nadie se inquiete por los bienes materiales. Y apela a poner toda la confianza en Dios: “No penséis, hermanas mías, que por no andar a contentar a los del mundo os ha de faltar de comer, yo os aseguro. Jamás por artificios humanos pretendáis sustentaros, que moriréis de hambre, y con razón. Los ojos en vuestro Esposo; él os ha de sustentar. Contento él, aunque no quieran, os darán de comer los menos vuestros devotos, como lo habéis visto por experiencia. Si haciendo vosotras esto muriereis de hambre, ¡bienaventuradas las monjas de san José! Esto no se os olvide, por amor del Señor; pues dejáis la renta, dejad el cuidado de la comida; si no, todo va perdido” (C 2,1).

Recia en sus palabras, añade Teresa: “Dejad ese cuidado a quien los puede mover a todos, que es el Señor de las rentas y de los renteros. Por su mandamiento venimos aquí; verdaderas son sus palabras; no pueden faltar; antes faltarán los cielos y la tierra. No le faltemos nosotras, que no hayáis miedo que falte; y si alguna vez os faltare, será para mayor bien” (C 2, 2). La vida de oración es imitación de Cristo Jesús, que fue orante, pobre, y que “pasó haciendo el bien”. Este es el camino a seguir y la vida a llevar. “Sería engañar el mundo otra cosa: hacernos pobres no lo siendo de espíritu, sino en lo exterior” (C2,3). La vida emprendida es seguimiento de Jesús y puro Evangelio, aquí la fuerza y el cuidado de todo. Remacha Teresa: “En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento, os pido por amor de Dios en limosna; y la más chiquita, cuando esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a su Majestad y acuérdelo a la mayor; con humildad le diga que va errada; y valo tanto, que poco a poco se va perdiendo la verdadera pobreza” (C 2,4).

Este bien de la pobreza, Teresa lo ha ido integrando poco a poco. Ella no tenía este don, e incluso dice que era “loca de espíritu”. A fuerza de relación orante y mirada amante al Amado, irá comprendiendo este estado de desprendimiento de todo lo criado, hasta experimentar “el señorío grande” que conlleva, lo integra y lo hace vida, y lo dice así: “Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa sino en el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió” (C 2,9). Teresa sabe que “honra y dineros casi siempre andan juntos”, y este asimiento a las riquezas trae desasosiego y división interior. Deja claro que “son nuestras armas la santa pobreza”. La paz y la libertad está en el bien de este estado: “La verdadera pobreza trae una honraza consigo que no hay quien la sufra; la pobreza que es tomada por solo Dios, digo, no ha menester contentar a nadie sino a Él” (C 2,6). Lo determinante es que todo se hace por Jesús. Si el verdadero centro no es Él, no seríamos capaces de sostener nada con nuestras propias fuerzas, o más bien, a causa de nuestras flaquezas. Ella quiere que la comunidad sea reflejo de Jesús pobre y humilde: “como decía santa Clara, grandes muros son los de la pobreza. De éstos, decía ella, y de humildad quería cercar sus monasterios”.

Junto a la pobreza, resalta la alta estima que siente por la humildad. De ella dice Teresa: “Procurad tener limpia conciencia y humildad”; “Procurad, hermanas, siempre humildad”; “no haga quiebra en la humildad”; “sirviendo con humildad, en fin, nos socorre el Señor en las necesidades”; “La humildad no inquieta ni desasosiega ni alborota el alma, por grande que sea; sino viene con paz y regalo y sosiego”. Para Teresa, la humildad nos hace libres y verdaderas, la humildad nos pone rostro de Jesús, que fue “manso y humilde de corazón”.

Y todo el libro se irá desarrollando con la intención de decir “algunas cosas de oración”, más también de mostrar “el modo y manera de vivir que se lleva en esta casa”. Camino de perfección será, en cierto modo, el libro de texto de esta Universidad de la mística que se vive en el monasterio: una vida en comunidad, que destila frescura humana y profundidad espiritual.

Bueno, querida Mara, ahí lo dejo, no vaya a ser esto más largo que el mismo libro. Solo he querido decir estas cosas para engolosinar el espíritu y te mueva a desear leerlo con amor y pasión. Teresa te ayude a ser de veras orante, yo sé que ya lo eres, y que eres fiel a la cita con el Amado. Adelante.

Con amor y comunión. Nura                                      (Anna Seguí Martí)