24 02 03 Puzol, Anna, El mundo está enfermo

El mundo está enfermo,
las religiones también.
“No habrá paz entre las naciones
sin paz entre las religiones”.
Los humanos no sabemos a qué atenernos.

La negra noche se extiende.
Desaparece una manera de ser y hacer.
El desconcierto acampa por doquier.
La claridad tardará en proyectar su amanecer.
No tengo más luz que la fe oscura y segura.
Ella ha guiado mi camino hasta aquí.

No tengo una radical certeza.
Me apoyo en la tenue fe, la débil esperanza,
y la temblorosa confianza.
Murmuro un “Dios mío, ven en mi auxilio”.
Oro calladamente ante Dios.
Y Dios calla más que yo.

El silencio cubre mi ser.
Construimos y derribamos.
No dejamos nada en pie.
Matamos la vida y la esperanza.
Despiadados, matamos.

Queremos la paz.
Y la hacemos depender de los poderosos,
de quienes no la poseen.
La paz está dentro de nosotros.
Comenzará cuando optemos por el amor.
La paz solo puede ser fruto del amor.
Sin amor no hay paz.

Sin amor se contamina el aire de la existencia.
Los jardines se secan y ya no florece la naturaleza.
En el mar naufragan las barcas.
En la tierra se queman las mieses de los campos.
El cielo se ha cerrado, ya no sabe llorar.

Locura de la mente y ciegos de espíritu.
Moriremos por nuestra miseria.
Miseria humana es no hacer nada.
¿Quién embellecerá la existencia con música,
canto, danza y fiesta?
¿Quién recitará versos con palabras proféticas?

Rezamos por los muertos de la guerra.
Metralla, fuego, sangre y muerte negra.
El sufrimiento en el corazón de la humanidad.
“¿Por quién doblan las campanas?”
Se abren sepulcros masivos
entre las ruinas de la ciudad.
La tristeza cubre nuestros ojos.
¿Cuándo recobraremos la dignidad?