23 12 02 Puzol, Anna, Mujeres sacerdotes ¿cuándo?

MI APORTACIÓN EN LA PRESENTACIÓN DE ESTE GRAN LIBRO.

Estoy encantada de participar en esta convocatoria para la presentación del libro. Quiero dar las gracias a Mjosé y Adelaide, por el buen y bien hacer del trabajo realizado conjuntamente: Mujeres sacerdotes ¿Cuándo? Pues ¡Ya! Para este hoy en necesidad.

Todo el libro constituye un clamor profético. Los profetas aparecen cuando las necesidades producidas por las crisis los reclaman. En cada página se respira este hálito del decir profético. Se eleva también un reclamo a la justicia del Reino de Dios para las mujeres. Mi aportación surge desde mi propia identidad sacerdotal y Eucarística. El Cristo que me vive me transforma en lo que Él es en sí mismo. Me hace Sacerdote y Eucarística.

Un pueblo sacerdotal no puede tener crisis de sacerdotes para el servicio de las comunidades. Lo que está en crisis es el modelo concreto del sacerdocio oficial, totalmente estancado. Y no hay ninguna disponibilidad por parte de la jerarquía eclesiástica, de acoger la llamada vocacional de las mujeres al sacerdocio para servir a la Iglesia.

Mi sacerdocio se ha ido afirmando desde la oración y la identidad con Jesús. Su Encarnación me hace carne y sangre suya. Soy Eucaristía. Lo determinante de ser Eucaristía es partirnos y repartirnos para ser comidos, como Jesús se dio a ser comido. El sacerdocio del pueblo de Dios necesita ser repensado por toda la Iglesia. No solo por la jerarquía. Todos y todas tenemos que discernir sobre lo que nos afecta directa y vitalmente, porque se trata de nuestra identidad sacerdotal y eucarística, de nuestra manera de ser y hacer Iglesia. Y crear la novedad.

La jerarquía debería escuchar a las mujeres y liberarnos de la exclusión que sufrimos. Después de dos mil años en que se nos dijo: “Las mujeres callen en la Iglesia”. Hoy, ya no vamos a callar. Dios mismo ve nuestra herida y oye nuestro gemido, y como liberó a Israel de la esclavitud, también ahora, nos quiere liberar de la mudez y exclusión a la que la Iglesia oficial nos tiene sometidas de modo inaceptable.

Me siento llamada a llevar adelante y hasta el fin las exigencias de mis propias convicciones. La Eucaristía no puede depender solo de un “cura oficial”. Desde una desobediencia responsable, reunirnos en pequeños grupos y comenzar a ser celebradoras, ejercer ya nuestra identidad sacerdotal, con la seguridad de nuestro ser Eucaristía y comunión para los demás. En el cristianismo todo va de banquete que sacia las hambres de la humanidad y la alegra.

Las mujeres somos faro que alumbra novedad en la Iglesia, por el testimonio de una vida para el Evangelio. Amar y servir con toda la implicación de lo que somos en verdad: Eucaristía, sacerdotes y profetas. Con este decir, avalo lo que he escrito en el libro, e invito a todos a leerlo. Muchas gracias.