
Queridas hermanas,
¿Alguna vez habéis dejado que vuestro espíritu se suelte en medio del mar y le habéis permitido flotar libremente en el océano? ¿y cómo os sentisteis en ese momento?
¿Os dejáis llevar y realmente estáis en paz con la mano extendida que toma vuestro cuerpo, pueden ser tus padres, familiares o tus maestras? ¿Podéis sentir que Dios os acoge, os sostiene con sus brazos muy suaves y firmes, y luego os mira, a vosotras, a ti, una pequeña criatura?
¿O alguna vez te has encontrado caminando por un campo lleno de flores y árboles frutales a tu alrededor, entre el viento, y te has dado cuenta de que, a pesar de ser una pequeña criatura eres amada y recordada por Dios?
Así me siento en la experiencia y convivencia con las hermanas en Albacete. En un año y tres meses que llevo viviendo con ellas, he recibido mucho amor y ahora solo puedo decir que todo es Gracia de Dios.
Me emociono al escribir estas líneas con todo mi agradecimiento hacia Dios, hacia mis hermanos en la fe, y hacia las hermanas con las que estoy viviendo.
Fui acogida con un amor sin límites, más allá de las palabras, con toda la ternura, delicadeza y paciencia de la Madre priora y las hermanas.
Quisiera compartir un poco sobre la vida cotidiana que me gusta mucho.
En la vida de oración, he pasado momentos silenciosos y significativos, con las hermanas y junto a Dios. Participo como ellas en los diferentes oficios del coro, aunque al principio solo podía leer torpemente como una niña que está aprendiendo a leer, y no entendía completamente el significado de las palabras. Ellas me animaron con toda la alegría y la paciencia, y ahora siento menos miedo y puedo además hacer el oficio del coro cuando no está la hermana a la que le toca en la semana.
Cada día comparto un poquito en las tareas del convento, en concreto el bordado, recoger almendras cuando es temporada, separar las cáscaras de las almendras, limpiar un poco el jardín cuando tengo tiempo libre, y ayudar en la cocina según el turno con una hermana mayor, y quizás nunca pueda olvidar las clases que nos dan las hermanas con todo su entusiasmo, los momentos divertidos y significativos al ayudarnos con la pronunciación, la práctica del habla y la lectura de libros.
Todo trabajo me ayuda a buscar al Señor en silencio y en el amor fraternal, compartiendo y en comunión con las hermanas. Me siento muy feliz de poder contribuir con mi pequeño aporte a la vida y las actividades del convento. He recibido apoyo, orientación muy minuciosa y dedicada de las hermanas, quienes siempre me han brindado un amor muy especial a su manera.
El convento me ha ayudado a crecer mucho en cuanto a la empatía, la paciencia, el sacrificio desinteresado, la alegría, la sencillez, la dedicación, la delicadeza, saber bromear y escuchar, saber perdonar y aceptar disculpas, … He aprendido mucho del ejemplo brillante de las hermanas en el convento, con horas de fidelidad a Dios y sinceridad entre nosotras.
Normalmente, una vez al mes tengo la oportunidad de quedarme con el Señor, descansar junto a Él después de un mes de lucha con el aprendizaje del idioma y del espíritu de la Orden del Carmen, y todas las horas compartidas con la comunidad, que también me motivan mucho para seguir avanzando en la amistad con nuestro Señor. Realmente son momentos preciosos que recibo con cariño de la comunidad. Estoy muy satisfecha con este tiempo, corto pero lleno del espíritu de la Orden, lo cual me ayuda a recuperar fuerzas y continuar con la nueva etapa de mi camino.
Yo doy gracias a Dios porque he visto un ejemplo de la obra que la Santa Madre Teresa desea para nosotras, las hijas de la Madre, un pequeño palomar, un lugar donde nuestro Señor pueda descansar y ser acogido.
Me conceden y puedo asistir a esos cursos que la Federación organiza en línea, o vivir con las hermanas de otras comunidades al asistir a los cursos directamente, aunque no entiendo mucho ni profundamente, pero puedo percibir la sinceridad, el entusiasmo y el anhelo de las hermanas por su vida espiritual y por la comunidad, su manera muy seria, honesta, responsable y esforzada,… sobre todo para perfeccionarse, renovar su amor por Dios, y luego para avanzar en la propia comunidad, para el bien de la Iglesia y la salvación de las almas.
Muy especial para mí fue poder asistir por primera vez con las jóvenes hermanas en período de formación, tuvimos un tiempo realmente hermoso juntas compartiendo sobre los deseos de seguir al Señor, y también construyendo un espíritu de fraternidad entre las hermanas.
Esos momentos pasaron rapidísimo y fueron memorables. Al tener la oportunidad de experimentar y vivir, agradezco a Dios sus vocaciones, sus generosidades y sus amores a Dios y a la Iglesia. Veo sus esfuerzos y dedicaciones. Lo único que aprendí en eso curso es a soñar, a volver a empezar sin parar, a soñar con tocar a nuestro Señor en cada tarea cotidiana, y a soñar con una comunidad que se vuelve hacia Dios. Nadie queda excluido de nuestros corazones, nadie queda atrás, porque nuestro Señor ama a todos, acepta todo lo que somos. Porque es el Señor: Él nos juntó aquí, Él mora entre nosotras, Él nos sustenta.
Esa es mi pequeña experiencia, el pequeño fruto que recojo, como de llamada nueva en los días en que estaba en una tierra extranjera, con hermanas que parecían ser muy extrañas pero muy cercanas en la hermandad y en el amor familiar de las Carmelitas Descalzas. Estoy agradecida a Dios por darme la oportunidad de conocer, aprender, vivir y convivir con personas y hermanas realmente adorables en esta querida tierra de España. Sé que tendré que esforzarme aún más para no defraudar las expectativas de las hermanas. Quiero vivir los días más significativos, dedicar mi vida en este momento a que florezca lo que Dios ha sembrado en mí. Anhelo que los ejemplos de las hermanas penetren profundamente en mi vida, para que cuando regrese a Vietnam, entre mis hermanas, realmente sea como una pequeña flor perfumada en el jardín de flores, donde me han colocado, para dar toda la gloria a Dios.
Junto con la gracia de Dios y en el Señor os acompaño en la oración, agradeciéndoos una vez más por acompañar, sostener, animar y escuchar mi corazón, y pido la bendición de María y la intercesión de los Santos ante el Señor para que estéis sostenidas siempre en vuestras propias dificultades y alentadas en vuestros deseos silenciosos de bien. Avancemos juntas hacia el Señor, y unidas a todas, queridas hermanas en el Señor.
Abrazos Fuertes… Que Dios esté con vosotras y os proteja siempre.
Albacete, 25-10-2025.
María Cecilia de Jesús Sacramentado, OCD.