
En el marco incomparable del Desierto de las Palmas, hemos tenido la convivencia anual de la Federación del lunes 20 al viernes 24 de octubre de 2025. Participamos 14 hermanas pertenecientes a las comunidades de Altea, Alquerías, Daimiel, Puzol, Serra y Zaragoza. Y la profesora-animadora de la convivencia ha sido Teresa Gil, religiosa de la Compañía de Santa Teresa, que ya la había acompañado en dos ocasiones anteriores.
El tema de la convivencia fue “Siguiendo a Teresa en camino hacia la plenitud. Relectura compartida del Camino de perfección”. A lo largo de estas tres jornadas de la convivencia teníamos dos encuentros por la mañana y dos por la tarde.
Antes de iniciar el curso, Teresa se presentó por si había alguna que no la conocía y nos dio unas breves pinceladas del fundador de su congregación, Enrique de Ossó, profundamente enamorado de Teresa de Jesús, a la que definió como “robadora de corazones”.
En este primer día, Teresa nos entregó el material que iría desarrollando durante los tres días de la convivencia y nos invitaba a preguntarnos desde dónde habíamos sido convocadas.
El tema que iba a centrar el primer día era nuestra identidad. Para motivarnos, nos ofreció el testimonio de una artista que hablaba de sus deseos y el descubrimiento de su misión en el mundo. Teresa nos invitó a pensar sobre nuestros deseos y desde dónde los alentamos. Hizo una breve exposición sobre el camino que santa Teresa inició y que “bullía en su interior” y nos invitó a hacer una lectura personal sobre el primer capítulo de Camino de perfección, con unas indicaciones que pretendían descubrir las inquietudes que nos provocaba la lectura de este texto, que posteriormente compartimos.
En las sesiones de la tarde estuvimos escuchando las heridas del mundo en clave de identidad comunitaria, nos invitaba a fijarnos en la mirada de la Santa hacia el mundo y cómo desde esa mirada, generaba una nueva forma de vida, de oración. Teresa Gil nos ofreció tres imágenes sugerentes de las heridas de hoy: la gota y el océano, la interconexión del pensamiento sistémico y el girasol. Nos invitó a preguntarnos por las heridas que observamos en nuestro día a día. Y finalmente nos propuso la figura de Nicodemo, buscador de verdad que acude a la Fuente de agua viva, Cristo. Concluyó la sesión con un canto en clave de sinodalidad.
El segundo día tenía como objetivo cómo se realiza este sueño juntas, con la mente abierta y conectado el corazón. Así como a la Santa el Señor le inspiró deseos de realizar algo nuevo, también a otras mujeres se les han generado esos deseos y, en diálogo, son capaces de llevar adelante el proyecto. Teresa se hace cargo de lo que ha generado en otras y es capaz de salir de su zona de “confort”. Es creativa y osada en la encarnación de ese sueño. Se nos interrogaba sobre lo que vivimos, si ya no sirve y qué acentos percibíamos en este momento actual. El reto que propone Teresa Gil lo sintetizaba en lo que llamaba “credo comunitario”: Él nos juntó: la iniciativa siempre es de Dios – Él mora: asegura siempre su presencia – Él nos sustenta: constante cuidado de Dios.
Pasó, a continuación, Teresa a invitarnos a establecer relaciones fraternas de amistad, no basadas en la afectividad sino en el auténtico amor, en la igualdad, a crear comunidades teresianas como “espacios contenedores fuertes”. Nos interpeló sobre el pasado, presente y futuro de la vida religiosa, cómo armonizar esos tiempos y la clave nos la da el Santo: “Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes…”. La importancia de pasar del Yo al nosotras y todas en Dios. Se trata de ir adquiriendo una identidad discernida en común, a semejanza de la que Jesús tuvo con sus discípulos a los que llama amigos. Y desde esa mirada de Jesús, generar una identidad nueva, una comunidad en femenino.
El tercer día estuvo centrado en la importancia de conectarse con la fuente de vida. Hicimos un ejercicio de recordar nuestros lugares, situaciones o personas que son nuestra fuente de inspiración y lo pusimos en común. Teresa nos animó a seguir el testimonio de la Santa, que pone el acento en el encuentro con Cristo, en la oración, en esa respiración en el Espíritu. Vimos las dificultades de la Santa y nos preguntamos cuáles son las nuestras. Tenemos un centro unificador que es el corazón, ahí en ese interior, donde “no estamos huecas”, es donde se nos comunica Dios. Teresa nos invitó a disponernos con libertad para “entrar dentro”. Y esa experiencia nos hará ir creciendo en libertad y en verdad. La importancia de la libertad, “no andar encogidas ni apretadas”, sino que “cuanto más santas, más conversables”. Reflexionamos sobre la experiencia del amor y del temor en la Santa, “amor que nos hará apresurar los pasos, el temor nos hará ir mirando adonde ponemos los pies para no caer”. En esta última sesión Teresa nos invitó a leer el capítulo 10 de Camino de perfección, con una guía que nos facilita. Y a dedicar un tiempo al “Reloj vital” que nos dará a conocer nuestra capacidad de entrega.
Nuestro último encuentro fue un compartir fraterno, en el que cada una expresó con libertad su experiencia de la convivencia, que para todas fue enriquecedora, hasta el punto de que alguna hermana, que en principio no había pensado asistir, expresó su contento por haber participado. Los encuentros fraternos siempre nos ofrecen la oportunidad de conocer hermanas de otras comunidades y supone un regalo para todas.
La pedagogía que nos propuso Teresa ha sido variada y muy interesante, pasando por sus exposiciones hasta el trabajo personal, el compartir en pequeño grupo y en pareja, de manera que nos permitió profundizar en todos los temas que nos fue señalando, sobre todo el Camino de perfección pero también otros textos sugerentes como Fratelli tutti del Papa Francisco, y textos de otros autores que resultaban interpelantes.
Las imágenes inspiradoras que fue mostrando en la exposición de los temas también han sido enriquecedoras: el iceberg para señalar la experiencia de la Santa de ir pasando de lo más superficial a lo profundo, las escenas de la película “De dioses y hombres”, canciones y testimonios, etc.
Teresa Gil, como buena pedagoga que es, siempre invita, alienta, propone, sugiere… Cercana a cada una de nosotras compartió comidas, liturgia, Eucaristías y hemos quedado todas encantadas de su buen hacer, de su sencillez y acogida, de su sabiduría teresiana que contagiaba y traslucía en todo momento.
La convivencia se nutrió no solo de los encuentros con Teresa en el aula, sino que también hemos disfrutado de los tiempos en el comedor, en las recreaciones, en los paseos y con los hermanos que tuvieron el detalle de compartir la cena del último día con nosotras y nos mostraron su casa y el Museo del Desierto. Nos sentimos muy acogidas por ellos y, como siempre, experimentamos que estábamos en nuestra casa.
En síntesis, cabe decir que fueron unos días vividos al abrigo de santa Teresa, que nos ha infundido de nuevo esos grandes deseos de seguir caminando “de bien en mejor”.