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25 11 03 Altea, Hna. Mª Carmen, Bodas de Plata

Mis queridas hermanas:

Unas letras, antes de que pase más tiempo, para compartiros la celebración de mis bodas de plata de profesión.

Si tuviera que definir todo lo que aconteció y cómo me afectó, lo resumiría en la palabra agradecimiento. Cuando se acercaba la fecha me propuse vivir ese espacio de tiempo en esta actitud, fue una moción interior que secundé con alegría. Sí, agradecimiento porque el Señor me permitió llegar a celebrar esta fecha, en la comunidad de Altea y rodeada de un montón de gente querida. Comprobé que, cuando uno pone todo en manos de Dios, todo sale perfecto.

El “itinerario celebrativo” comenzó con unos días de retiro en los que se me “prohibió” salir de mi celda, días que yo, muy gustosamente, aproveché para prepárame física y espiritualmente para la celebración, sobre todo, recordé mis inicios vocacionales y lo hice con agradecimiento y alegría, recordé a mis hermanas de Loeches y, sobre todo, a mis padres, a quienes tanto les costó dejarme ir.

Un matrimonio: Maricarmen y Carlos, a los que quiero como hermanos, vinieron desde Burgos una semana antes para ayudar con lo que hiciese falta, mi director espiritual llegó, desde Madrid, el jueves y, también desde Madrid y Valladolid, llegaron una de mis hermanas, mi sobrina y mis primas,…

El viernes por la tarde las hermanas me sorprendieron con unas emotivas vísperas, con preces, recuerdos,… y mis lágrimas, que ya hicieron acto de presencia para no abandonarme hasta el día después de la celebración.

El día de boda comenzó, ¡cómo no! con una canción a la puerta de mi celda, la cual estaba adornada con guirnaldas de flores y tules, los laudes preparados por dos personas muy especiales: mi compañera de noviciado, Benedicta, que pertenece a nuestro Carmelo de Salamanca y una amiga a la que estoy muy unida: Pepa, que vino desde Guadalajara para compartir conmigo esta fecha.

La ceremonia propiamente dicha fue hermosa, cada detalle me hablaba: las flores, mi lema de profesión: “Juntos andemos Señor”, puesto en la pared, detrás del altar… y, sobre todo, la Palabra de Dios, elegida por mi director espiritual… ¡Quisiera tener palabras para expresar el sentimiento que me embargó durante toda la celebración!: lo más aproximado que puedo decir fue que me sentí abrazada, por Dios, por las hermanas, por los presentes y, por los ausentes: mis padres y mi hermano que Dios tenga en su Gloria.

Quisiera compartir muchos detalles de la celebración, pero pasé ésta como en una nube, solamente un par de detalles: desde el canto de entrada, ya estaba con las emociones a flor de piel, supe que las lágrimas me iban a jugar una mala pasada… ¡y vaya si lo hicieron…! La homilía me la pasé conteniéndome, mi director fue el que no se pudo contener y en un par de ocasiones tuvo que parar porque se emocionaba, pero llegada la renovación de los votos, no pude más y no sé si la gente me entendió lo que decía entre sollozo y sollozo. Sea como fuere, fue un momento de los que dejan huella en el corazón, en el alma…, en la vida. Dios quiera seguir bendiciéndome con Su fidelidad y sosteniéndome con Su fuerza, yo intentaré hacer eso “poco que está en mi”.

No me quiero despedir sin agradeceros vuestra presencia, sentí vuestra oración y me gocé con los detalles que me mandasteis… ¡Dios os lo pague!, sobre todo vuestras oraciones, las cuales sentí fuertemente. Seguid pidiendo por mi, para que sea esa carmelita que la Santa quería.

Un abrazo lleno de cariño y agradecimiento.

María del Carmen de la Eucaristía

Carmelo del Sagrado Corazón de Jesús

Altea

24 05 16, Altea, Hna Sidioly, Lo que más me ha llegado a mi hogar interior.

Queridas hermanas todas de nuestra Federación:

¡Alabado sea Jesucristo!

Empiezo con el saludo Carmelitano de las recreaciones.

Quiero compartir con vosotras, lo que más me ha llegado a mi hogar interior y que ha hecho resonar y renovar en mi corazón estos días del encuentro que tuvimos en Ávila del 6 al 10 de mayo. He retornado a mi comunidad muy contenta.

 El P. Miguel Márquez, lo organizó fenomenal, el Espíritu estuvo rondando estos sitios, con el buen ambiente que se percibía en cada momento puntual de nuestras tertulias. Es hermoso encontrarnos con hermanas de otros conventos, conocernos, compartir, reír, hablar y que no estamos ajenas a preocupaciones y ocupaciones similares, que vivimos en comunidad.

Aparte de la doctrina práctica que nos habló el P. Miguel, lo que más se me quedó grabado fueron los trabajos en grupos, los símbolos como la piña que nos trajo desde Italia para cada una y que luego en la Eucaristía en el momento de la ofrenda, cada una se acercó a ponerla donde mejor quisiera, ya sea en la Virgen, en el Sagrario o en el Altar y al finalizar la Eucaristía, nuevamente teníamos que recoger las piñas, pero de otra hermana.

 Una anécdota de una hermana: ella se había encariñado con su piña y nos compartió que al recoger y tener la piña que no era suya y tenerla en sus manos también era acoger los sueños, deseos e ilusiones de la otra hermana. Luego los garbanzos, las semillas de mostaza traída desde Belén, las imágenes de las ovejitas blancas y negras y también el símbolo de las infusiones, unas eran digestivas, otras para dormir, otras quema-grasa y cada bolsita tenía un mensaje del evangelio, después de compartir y escuchar con la hermana que estaba a mi lado sobre el pasaje, en voz alta se compartía lo que significaba y a mí me tocó el lavatorio de los pies “me invitaba a levantarme de mi comodidad. Y así cada una interpretaba las infusiones entre risas y alegrías.

 Por otro lado, las frases motivadoras concretas, que las tendré de píldoras en los momentos puntuales de mi vida.

“Reconstruir la casa interior, recuperar la vida humanizando la comunidad, recoger lo mejor de nuestra historia. Tocando un aspecto de la vida de nuestra santa madre, Teresa atraviesa las murallas para seguir un sueño y para mi ¿qué es romper las murallas hoy? Dios tiene una fecundidad escondida, pedimos vocaciones y no mimamos las que tenemos en casa, no es lo grave que no haya vocaciones, es grave perder la alegría de la vocación su frescura, si no hablas de corazón a corazón te mueres y la frase de una canción que escuchamos ‘vamos a Betania a sanar herida’” etc.

 Así mismo las preguntas que nos planteaba a compartir hablando con el corazón abierto.

Los dones y regalos en la fraternidad, alguna herida en mi historia y comunidad y ¿cuáles son los desafíos y retos?

Nos repartimos en grupo de siete hermanas de varios países, Perú, Colombia, Argentina, Ecuador, España y Bolivia y entre ellas teníamos una reliquia de NEMI la hna. Angels.

Se abrió un diálogo entre nosotras en confianza y clima de oración, nos escuchamos sin interrumpir y esto ha sido sanador, hubo lágrimas, risas y abrazos me he sentido una hermana de esta gran familia: ellas para mí y yo para ellas. He aprendido a escuchar, a acoger la vida de mi hermana.

Finalmente quedamos en rezar unas por otras.

Agradezco a mi comunidad de Altea por haberme permitido participar en este encuentro.

Gracias por vuestro sí de cada día.

Un fuerte abrazo lleno de cariño y bendiciones.

H. Sidioly